Viernes, Octubre 2, 2015

A veces, siento que personas o situaciones no llenan mis expectativas. Puedo experimentar decepción, desaliento o enfado. Tal vez mi primera reacción sea culpar a alguien. Puedo hasta tratar de forzar un resultado o evadir el asunto. En momentos como estos, respiro profundamente y acudo a mi interior. Dejo ir la tensión, el temor y los juicios para realinearme con el Espíritu divino.

En oración, determino soltar todo aquello que me incomoda. Me doy cuenta de lo que me inquieta y se lo entrego a Dios. No tengo que saber cómo o cuándo el asunto será resuelto, confío en el tiempo y lugar perfectos de Dios. Afirmo paciencia y fe —sabiendo que soy bendecido más allá de mi comprensión actual.

Confía en el Señor de todo corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus sendas.—Proverbios 3:5-6