Viernes, Diciembre 4, 2015

PERDONO, COMPLETA Y SINCERAMENTE.

Las olas del océano llegan a la playa en una cadencia repetitiva. El océano es el hogar de un sinnúmero de animales, y continúa su ascenso y descenso, acercándose y alejándose de la playa —sin importar las condiciones del tiempo, las estaciones o los cambios en la costa. El mar no se afecta por quien viene a observar sus mareas o a disfrutar de sus olas.

Si lucho por perdonar, recuerdo el océano. Saco inspiración de su continuo movimiento y cómo aclara cualquier limitación. Visualizo que escribo en la arena la situación que me inquieta o el nombre de la persona que creo que me ha ofendido; luego, me siento liberado a medida que las olas borran suavemente mis palabras.

“Señor, si mi hermano peca contra mí, ¿cuántas veces debo perdonarlo? ¿Hasta siete veces?” Jesús le dijo: “No te digo que hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”.—Mateo 18:21-22