Jueves, Octubre 20, 2016

El Silencio
EN EL SILENCIO, RECIBO CLARIDAD.
Si estoy ocupado, cosas adicionales o inesperadas pueden causarme estrés. Para evitar esa presión, tomo tiempo para aquietarme e ir al Silencio. Cierro los ojos y sosiego mi mente. Las interferencias externas ya no me inquietan. Aquí, en el Silencio, presto atención al Espíritu divino —mente, cuerpo y espíritu.

En el Silencio, en mi conciencia interna de la presencia de Dios, encuentro la guía y la confianza que necesito para tomar decisiones cabales. En la quietud, siento y reconozco mi unidad con Dios. Descubro serenidad y fe para avanzar con valor.

Al regresar al momento presente, encuentro que tengo la fortaleza y la paz mental que necesito para hacer lo que me corresponde hacer. En el Silencio, recibo claridad.

Anímense y vivan en armonía y paz; y el Dios de amor y de paz estará con ustedes.—2 Corintios 13:11