Sábado, Noviembre 8, 2014

DOY GRACIAS POR EL ORDEN DIVINO QUE OBRA EN MÍ Y A MI ALREDEDOR.

La lluvia cae sobre la tierra, es calentada por el sol y se eleva como vapor para formar las nubes. Cuando éstas se cargan de agua, la lluvia cae de nuevo a la tierra. Este ciclo sostiene la vida, el crecimiento y las cosechas. El orden divino es evidente en innumerables ciclos de la naturaleza y en mí.

Mi día comienza al despertar de un sueño reparador y termina cuando busco de nuevo descanso. Mi cuerpo funciona en ritmos ordenados: inhalar y exhalar, los latidos de mi corazón, los procesos de nutrición y de circulación. La obra de Dios está en todas partes. Acepto con gozo el orden divino en mí y a mi alrededor afirmándolo, pensando positivamente y esperando buenos resultados.

La lluvia y la nieve caen de los cielos, y no vuelven allá, sino que riegan la tierra y la hacen germinar y producir.—Isaías 55:10