Miércoles, Septiembre 9, 2015

ABRO MI CORAZÓN A LA GRACIA DE DIOS.

Me encanta ver las flores despertar a un nuevo día. A medida que la luz del sol las toca, responden abriendo sus pétalos en una bella demostración de color. Del mismo modo, abro mi corazón a la gracia de Dios. Su actividad en mí es tan constante como el amanecer y el atardecer.

Abrir mi corazón no requiere esfuerzo cuando me entrego a la Luz. La gracia surge de manera natural. Siento calidez, aceptación y amor. Dejo ir lo pasado y acepto más de la actividad divina en el presente. Permito que ésta produzca resultados perfectos, y me entrego a un sentimiento profundo de paz. La gracia añade bien a cualquier cometido que emprenda —mucho más del que pude haber imaginado.

Por tanto, acerquémonos confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para cuando necesitemos ayuda.—Hebreos 4:16