Miércoles, Septiembre 10, 2014

VIVO, ME MUEVO Y ACTÚO EN PAZ.

Bien sea que el día de hoy esté lleno de sucesos nuevos o siga mi rutina habitual, prosigo con un espíritu apacible. La paz está en mí todo el tiempo; lo que hago o lo que ocurre en el mundo externo no pueden afectarla. La paz proviene de Dios y yace en el centro de mi ser —más allá del corazón, la mente y el cuerpo. Es parte de mi naturaleza espiritual, indemne al tiempo, el espacio o las circunstancias.

Mi santuario interno de paz es mi morada de descanso. Si una experiencia me perturba, me refugio aquí, en el Silencio. En la quietud, experimento mi unidad eterna con Dios. Siento que mi calma y serenidad se renuevan, y las llevo conmigo a cada paso que doy según prosigo con mi vida.