Miércoles, Octubre 4, 2017

Serendipia
ME REGOCIJO POR LAS BENDICIONES INESPERADAS DE LA VIDA.

A menudo, no son los eventos planificados sino los inesperados los que resultan ser las mayores bendiciones. Tenemos la idea perfecta o lo que parece ser un encuentro casual se convierte en una relación personal significativa.

Cuando tengo esto presente, permanezco receptivo a lo que ocurre, manteniendo un enfoque flexible ante la vida. Mantengo una actitud de curiosidad y expectativa. Al fluir con los cambios y giros no planificados de la vida, me abro a las posibilidades divinas. Inmerso en el ritmo de la vida, me doy cuenta de que la visión de Dios para mi vida excede la mía. Siento gratitud sabiendo que el Espíritu continuamente me ofrece formas nuevas e inesperadas de bien.

Pondré mi bendición en ellas y en los alrededores de mi colina, y haré que llueva cuando deba llover, y esa lluvia será de bendición.—Ezequiel 34:26