Miércoles, Diciembre 9, 2015

MI DIVINIDAD RESPLANDECE POR MEDIO DE MI HUMANIDAD.

Jesús dijo: “Ustedes son la sal de la tierra … Ustedes son la luz del mundo”. Somos tanto humanos como divinos. Mi naturaleza humana es verdadera, receptiva y honesta. Siento gratitud por mi cuerpo, el cual me permite expresar amor, sabiduría y compasión.

Mi naturaleza divina resplandece a través de actos de bondad y servicio. Como expresa la cantautora Karen Drucker: “Permito que mi faro de luz grande y resplandeciente brille”.

Jesús nos inspiró a permitir que nuestra luz resplandeciera tan osadamente como una ciudad sobre una colina. Sin embargo, también nos urgió a conservar nuestra salinidad nuestra base terrenal. Soy radiantemente sano cuando acepto y expreso tanto mi humanidad como mi divinidad.

Ustedes son la sal de la tierra. … Ustedes son la luz del mundo.—Mateo 5:13-14