Miércoles, Diciembre 3, 2014

CREZCO HACIA LA LUZ.

Para crecer, la semilla bajo la tierra debe encontrar su camino hacia la luz. Mientras está en la oscuridad, es nutrida por el suelo, el calor y el agua. Una vez que el retoño surge, se inclina hacia el sol y crea su alimento gracias a la luz, el agua y el dióxido de carbono y, a su tiempo, da fruto.

Afrontar la oscuridad es un proceso normal de la vida. En tales momentos, busco la luz de Dios para encontrar mi camino; y mi fe, sabiduría, comprensión y amor se profundizan. Tomo conciencia de mi divinidad interna, y sustento mi potencial con oración, estudio y práctica. La luz de Dios me ayuda a crecer. Y, al avanzar hacia el Espíritu, cosecho el fruto de mi realización.

Pero otra parte cayó en buena tierra, y dio fruto, pues brotó, creció y produjo a treinta, a sesenta y a ciento por uno.—Marcos 4:8