Miércoles, Agosto 6, 2014

MI BIEN LLEGA A MÍ DE DIOS, FIRME Y CONSTANTEMENTE.

Puesto que deseo que mi bien llegue a mí en constante fluir, de mí depende ser constante también en mi fe. Si me encuentro teniendo altibajos, vigilo mis pensamientos, mis palabras y mis acciones.

Si deseo buena salud, abundancia y felicidad, recuerdo que como pienso, así soy, y que según siembre, así cosecharé. Recuerdo las lecciones de Jesús. Él dijo: “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”. Dijo que oráramos creyendo, sin cesar; que oráramos en secreto y se nos compensaría abiertamente. Yo sé que si permanezco en su enseñanza, recibiré los beneficios prometidos. Yo puedo formar el hábito de pensar positivamente; el hábito de la oración silenciosa; el hábito de la palabra afirmativa.