Miércoles, Abril 8, 2015

VEO LA VERDAD EN OTROS AL ORAR POR ELLOS.

Para una hormiga, el mundo es una jungla abrumadora. Para un astronauta, la Tierra es una joya hermosa y viviente. El nivel de nuestra visión determina lo que veremos. Antes de orar, centro mi conciencia en la presencia de Dios. Con una respiración profunda, remuevo mi atención de los obstáculos y la pongo en el potencial divino.

Al decir los nombres de otras personas en oración, las veo como son verdaderamente: expresiones de sabiduría, vida y amor divinos. Visualizo que Dios obra en ellos y en sus vidas. Mi visión no está al nivel de los retos sino al nivel de las posibilidades. No oro para arreglar nada, sino para tener presente que lo Divino se desenvuelve siempre de manera perfecta en cada uno de nosotros.