Martes, Septiembre 2, 2014

LA FE ILUMINA MI VIDA.

En una galería de arte, noto cuán fácilmente una pintura es realzada o atenuada según la calidad de la luz en el salón. La fe afecta la vida tal como la luz impacta al arte. Si descuido invertir en la profundidad y calidad de mi fe, mi vida puede perder su color, brillo y belleza. En realidad, mi vida en sí no ha sido atenuada; sencillamente he perdido el contacto con el resplandor de Dios.

Una vez que tomo tiempo en oración para vincularme con la Fuente única e invisible, noto cómo mi mundo recobra su resplandor. Mi vida y mis asuntos se ven como son en realidad: iluminados por lo Divino.

Gracias a mi fe, veo a Dios, el Bien, todo el tiempo y por doquier.