Martes, Septiembre 1, 2015

ESTOY INMERSO EN EL AMOR DE DIOS.

En momentos de pesar o tristeza, quizás me dirija a mis fuentes de consuelo familiares: comidas favoritas, amigos amorosos o me regale algo; mas para consuelo duradero me dirijo a Dios.

Reposo en Su amor. Tranquilamente dejo ir mis preocupaciones. En el Silencio regreso a la verdad: el deseo de Dios para mi vida es siempre lo mejor y más elevado.

Cierro los ojos, respiro profunda y lentamente y siento la presencia consoladora del Espíritu. Mi corazón se llena de la calidez del amor de Dios. Cualquier preocupación que pueda tener se disipa, y mi fe es fortalecida. Estoy inmerso en el amor infalible del Espíritu. Descanso seguro de que soy valorado, guiado y protegido por mi Creador.

Y yo rogaré al Padre, y él les dará otro Consolador, para que esté con ustedes para siempre.—Juan 14:16