Martes, Octubre 21, 2014

ENCUENTRO PAZ EN EL CENTRO DE MI SER.

Se nos dice que Jesús no se inquietaba por las tormentas en su vida. Él se mantenía confiado y les negaba todo poder. Igualmente yo digo: Paz, aquiétate, a cualquier tormenta en mi vida, negándole poder sobre mí. Ante una situación tempestuosa, voy a mi interior, cierro los ojos y observo mis emociones. Si noto una inquietud en mí le susurro: Paz, aquiétate. Mantengo mi atención enfocada en mi respiración y siento que la tormenta se disipa.

Encuentro la fortaleza y serenidad necesarias para enfrentar cualquier reto y superar las dificultades como lo hizo Jesús. Las soluciones correctas y perfectas llegan y todas las cosas obran juntas para bien. Aun en medio de una tormenta, estoy en paz y todo está bien.

Despertando él, reprendió al viento y a las olas; y cesaron y sobrevino la calma.—Lucas 8:24