Martes, Mayo 3, 2016

Todos hemos sido creados de la misma sustancia espiritual —cada persona, cada criatura, cada átomo, cada célula. Sin embargo, existen personas con la percepción de que estamos separados unos de otros.

A pesar de aquello que nos distingue: grupo étnico, crianza, lugar de nacimiento e idioma, compartimos la misma esencia espiritual. Somos mucho más que las etiquetas y limitaciones que nos colocamos unos a otros y a nosotros mismos. Por debajo de la superficie, la misma fuerza invisible del Espíritu obra en cada uno de nosotros. Así que en vez de identificarnos por raza, profesión o género, elijamos tratarnos como creaciones de lo Divino, afirmando nuestro linaje espiritual. Compartimos el mismo Espíritu, la misma Verdad. Somos seres perfectos y eternos. ¡Somos uno!

Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu.—Efesios 4:4