Lunes, Septiembre 21, 2015

MIS PENSAMIENTOS Y ACCIONES CONTRIBUYEN A LA PAZ DEL MUNDO.

Galones y galones de agua de lluvia aclaran hasta los lagos más lodosos. La oración colectiva tiene un efecto similar. Confiando en este principio, afirmo paz mundial diariamente. Me uno a mis hermanos y hermanas alrededor del mundo para afirmar paz.

Mis oraciones por la paz mundial promueven mi paz interna. Cuando escucho noticias acerca de guerras o conflictos, acallo mi mente y afirmo confraternidad. Le niego energía a la inarmonía y me centro en la presencia de la unidad. Al afianzarme en el Cristo morador, irradio paz a cada interacción ­—desde una conversación casual hasta una plática de corazón con un ser querido. Mis pensamientos y acciones contribuyen a la paz del mundo.

Cuando Dios está contento con nuestro comportamiento, hasta con nuestros enemigos nos hace vivir en paz.—Proverbios 16:7