Lunes, Noviembre 24, 2014

NUNCA ESTOY SOLO; DIOS SIEMPRE ESTÁ CONMIGO.

Dondequiera y con quienquiera que esté, Dios está allí. El Espíritu siempre está conmigo. Cuando camino por un bosque, me siento a la orilla de un arroyo o escucho el canto hermoso de un pájaro, siento la presencia divina.

Si alguna vez me siento separado de los demás, presto atención y examino si es que albergo juicios o comparaciones. De ser así, los dejo ir, recuerdo la Verdad y afirmo: Soy uno con Dios y con todas las personas. Veo todo de manera afable y gentil. Reconozco y aprecio al Espíritu que se expresa en la gente a mi alrededor. Siento mi unidad con los demás y con cada expresión de vida. Todo lo que existe comparte la misma divinidad: somos uno en Dios.

Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.—Marcos 10:9