Lunes, Noviembre 17, 2014

ME SANO AL SER GENTIL CONMIGO MISMO.

Ser amable conmigo mismo es un acto de amor, y es el primer paso para ser compasivo con los demás. Jesús proclamó que todos pertenecemos a una misma familia espiritual. Sus enseñanzas y ejemplos demostraron amabilidad, unidad, compasión y amor.

Primero que nada, estoy atento a mis sentimientos. Si siento ira, busco las causas en mi interior. Medito, oro o escribo en un diario. Con tiempo y paciencia, quizás descubra que mi niño interno pide amor. Consuelo esta parte de mí con ternura, como si acariciara mi alma con el toque delicado de una pluma. Al cuidar de mi niño interno, mi ira se calma. Todo sentimiento de separación se disuelve y mi vínculo con la humanidad se fortalece.

Si alguno es sorprendido en alguna falta, ustedes, que son espirituales, restáurenlo con espíritu de mansedumbre.—Gálatas 6:1