Lunes, Julio 21, 2014

LA PAZ DE DIOS ME ENVUELVE. SIENTO SERENIDAD.

Cuando los compromisos en mi vida me abruman, es hora de buscar la paz de Dios. Comprendo que Dios no sólo conoce mis necesidades, sino que me da paz si se lo permito. Me dirijo al Espíritu morador y digo en silencio: Dios no es un Dios de confusión, sino de paz. Si todavía siento tensión o estrés, repito esta oración hasta que comience a sentir que la paz de Dios me envuelve.

La complejidad y el afán del día desaparecen a medida que mis pensamientos se tornan más ordenados. Soy capaz de proseguir con mi día sin prisa ni confusión, con la confianza de que la voluntad de Dios para mí es plena paz. El espíritu de Dios está en mí siempre, ayudándome a recobrar la calma dondequiera que invoque Su presencia.