Jueves, Septiembre 11, 2014

SOY LA LUZ DEL MUNDO. PERMITO QUE MI LUZ BRILLE.

La luz divina es la presencia y el poder de Dios —Su actividad. Reclamo mi naturaleza espiritual y permito que mi luz brille. Aun en medio de las tareas cotidianas, de la dificultad o del pesar; inclusive en un mundo que cambia rápidamente, la luz de Dios resplandece en mí.

Mediante la oración, me dirijo a la luz y confío en ella. En el momento en el que acudo a Dios, recibo el bálsamo de Su sabiduría, amor, vida y paz.

En el instante en que establezco contacto con el Espíritu, la luz irrumpe desde mi interior. Permito que la luz de Dios ilumine mis pensamientos, eleve mis palabras y dé poder a mis acciones. La luz de Dios resplandece con fuerza en mí.