Febrero, 2017

Guía
PRESTO ATENCIÓN A LA GUÍA DE DIOS Y SOY GUIADO HACIA MI BIEN.
Confío en que la guía de Dios me dirige hacia mi mayor bien. Si encuentro que mi mente está fija en un camino, una definición o un resultado específico, recuerdo permanecer flexible y receptivo. ¿Ha habido momentos en mi vida cuando lo inesperado resultó mejor de lo que deseaba? ¿Se han resuelto las cosas en medio de una crisis?
Recuerdo las lecciones que he aprendido y cómo la guía de Dios me ha ayudado a superar los retos. Ahora veo posibilidades más allá de las que había imaginado.
Con una respiración profunda descanso y abro mi mente y corazón a la voluntad divina. Dejo ir mi necesidad de tener la razón acerca del resultado y permanezco atento a la guía del Espíritu. ¡Soy guiado hacia mi bien!
Así es nuestro Dios por toda la eternidad. ¡Él es nuestro guía eternamente!—Salmo 48:14