Domingo, Noviembre 2, 2014

ESTOY RECEPTIVO A UNA MAYOR CONCIENCIA DE DIOS EN MÍ.

La meditación restaura mi alma y renueva mi energía. Al dirigirme a la quietud interna, respiro profundamente y descanso. Suelto todo pensamiento consciente, como si cada uno de ellos fuera una hoja flotando suavemente sobre un arroyo. Tal vez centre mi atención en una palabra o frase. Según me aquieto, mi mente y mi corazón se abren a una mayor conciencia de Dios.

En esta quietud, el amor de Dios me rodea. Trasciendo el mundo externo y entro a un espacio de tranquilidad y luz donde recibo las bendiciones del Espíritu.

Al concluir mi tiempo de meditación, poco a poco tomo conciencia de los sonidos a mi alrededor. Regreso a las actividades del día revitalizado, centrado y en paz.

Mi boca hablará sabiduría, y el pensamiento de mi corazón inteligencia.—Salmo 49:3